El precio de la gasolina en Estados Unidos sigue escalando como termómetro directo de la tensión global. Este sábado, el promedio nacional alcanzó los 4.10 dólares por galón, un nivel que no se veía desde 2022 y que refleja el impacto inmediato del conflicto en Medio Oriente.
De acuerdo con la Asociación Automovilística Estadounidense (AAA), el precio promedio se ubicó en 4.104 dólares, lo que representa un aumento superior al 37% desde el inicio de la guerra contra Irán a finales de febrero. La situación geopolítica ha convertido cada tanque lleno en un pequeño lujo cotidiano.
El factor clave detrás de este incremento es el cierre del estrecho de Ormuz, una arteria energética por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Su bloqueo ha tensionado los mercados internacionales, empujando al alza tanto el crudo como los combustibles.
Diferencias marcadas por estado
El impacto no es uniforme. California encabeza la lista de los estados más afectados, con precios que rozan los 5.9 dólares por galón. Le siguen Hawái (5.5 dólares) y Washington (5.3 dólares). En contraste, algunos estados del centro del país logran mantenerse por debajo de los 3.5 dólares, ofreciendo un respiro relativo a los consumidores.
El petróleo también se dispara
El encarecimiento de la gasolina va de la mano con el alza del petróleo. El barril de West Texas Intermediate (WTI) superó los 100 dólares y cerró la semana en 111.54 dólares, tras un incremento del 11% en los contratos futuros para mayo. Es un salto brusco que recuerda los picos vividos durante la invasión rusa a Ucrania.
Presión política y reloj en cuenta regresiva
En medio de este escenario, el presidente Donald Trump intensificó su presión sobre Irán, reiterando un ultimátum de 48 horas para reabrir el estrecho de Ormuz. De no cumplirse, advirtió sobre posibles ataques a infraestructuras energéticas iraníes, lo que podría tensar aún más los mercados.
Así, el precio de la gasolina se ha convertido en algo más que un dato económico: es un reflejo directo de un tablero global en ebullición, donde cada movimiento geopolítico se traduce casi de inmediato en el bolsillo de millones de personas




