Adiós a Palmerston: fallece el gato diplomático del Foreign Office británico

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El gato que sirvió en el Ministerio de Relaciones Exteriores británico falleció en Bermudas, donde residía desde 2020 tras su retiro oficial.

Palmerston, el popular gato que se desempeñó como jefe ratonero del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido, murió a los 12 años de edad. Su fallecimiento ocurrió el pasado 12 de febrero en la Casa de Gobierno de Bermudas, donde vivía desde 2020.

La noticia fue confirmada a través de su cuenta oficial en la red social X, donde se le recordó como “un compañero maravilloso, de carácter amable”, cuya ausencia será profundamente sentida.

¿Quién era Palmerston?

Conocido cariñosamente como “Palmy”, nació en 2013 y fue rescatado del refugio Battersea Dogs and Cats Home. En 2016 se integró a los llamados diplocats del Reino Unido al incorporarse al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde asumió el cargo de jefe ratonero.

Su nombre fue elegido en honor a Henry John Temple, vizconde Palmerston, quien fue ministro de Asuntos Exteriores y primer ministro británico en el siglo XIX.

Palmerston ganó notoriedad pública y su popularidad llegó a compararse con la de Larry, el gato residente del número 10 de Downing Street y considerado el felino más famoso de Gran Bretaña. Larry, de 15 años, despidió a su antiguo colega con un mensaje en redes sociales: “Adiós, viejo amigo”.

De cazador oficial a figura diplomática

Como jefe ratonero, Palmerston estaba encargado del control de plagas en el edificio del Foreign Office, tarea que cumplió con eficacia: apenas una semana después de asumir el cargo atrapó su primer roedor.

Además de su labor oficial, participó en actividades filantrópicas y ayudó a recaudar fondos en favor del refugio Battersea, la organización que lo rescató años atrás.

En 2020, en el contexto de la pandemia de COVID-19, anunció su retiro para “pasar más tiempo relajándose”. Desde entonces se trasladó a Bermudas.

Sin embargo, en 2025 fue llamado nuevamente al servicio público, esta vez para asistir al gobernador de las Islas Bermudas. Durante esta etapa, según comunicados difundidos en tono humorístico, asistía únicamente a reuniones que consideraba importantes, ofrecía consejos cuando lo estimaba necesario y dedicaba buena parte de su jornada a tomar siestas.

Con su muerte, el Reino Unido pierde a una de sus figuras más singulares y queridas, un símbolo felino de la diplomacia británica que combinó deber, carisma y un innegable instinto cazador.