La FIFA reconoció que cometió errores en el desarrollo y la comunicación de FIFA Forward Enterprise, el controvertido proyecto con el que pretendía incorporar inversionistas privados a una nueva filial encargada de gestionar parte de sus actividades comerciales y operativas, incluidas las relacionadas con la Copa del Mundo.
El reconocimiento se produjo este miércoles durante una reunión extraordinaria celebrada en Rabat, Marruecos, pocos días después de que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, anunciara la retirada de la propuesta ante el rechazo expresado por varias confederaciones y federaciones nacionales.
En una carta enviada a las 211 federaciones miembro, la dirección del organismo admitió que el Consejo de la FIFA y las asociaciones nacionales pudieron sentirse excluidos de la elaboración del proyecto.
La institución reconoció que el proceso debió conducirse de una manera diferente y que también se produjeron errores después de que los documentos relacionados con la propuesta fueran filtrados a los medios de comunicación.
“Se cometieron errores”, aceptó el organismo, que ofreció disculpas a las federaciones afectadas y se comprometió a revisar lo sucedido para evitar que una situación similar vuelva a repetirse.
FIFA presentará un informe interno
Como parte de las medidas acordadas en Rabat, la FIFA llevará a cabo un análisis sobre la preparación, presentación y comunicación de FIFA Forward Enterprise.
Los resultados de esa revisión serán incluidos en un informe que deberá presentarse durante la próxima sesión del Consejo de la FIFA. La institución no ha informado públicamente cuándo terminará el análisis ni si derivará en cambios administrativos o responsabilidades individuales.
La organización sostuvo que, a pesar de las deficiencias reconocidas, las actuaciones relacionadas con el proyecto se realizaron dentro de su marco normativo.
También afirmó que la experiencia permitirá mejorar la eficacia de sus procesos, la comunicación interna y la relación entre la presidencia, la Secretaría General, el Consejo y las asociaciones miembro.
¿Qué era FIFA Forward Enterprise?
FIFA Forward Enterprise, identificado por las siglas FFE, era un proyecto para crear una filial que concentraría actividades comerciales y operativas vinculadas con las competiciones del organismo.
La propuesta incluía torneos como las Copas Mundiales masculina y femenina, además de otros eventos administrados por la FIFA.
Según la explicación oficial publicada antes de que el proyecto fuera retirado, la FIFA sería propietaria de la nueva compañía y mantendría permanentemente su control. Inversionistas externos podrían adquirir una participación minoritaria, sin intervenir directamente en la gobernanza general del futbol.
Reportes periodísticos indicaron que se pretendía colocar alrededor del 20% de la filial entre inversionistas privados. La empresa había sido valorada en aproximadamente 20 mil millones de dólares, por lo que la operación podría haber aportado cerca de 4 mil millones de dólares de capital externo.
Por estas características, el proyecto fue descrito ampliamente como un intento de “privatizar el Mundial”. La FIFA rechazó esa interpretación y sostuvo que no pretendía vender el futbol ni ceder el control de sus competencias.
Sin embargo, sus críticos consideraron que permitir la participación de fondos privados en una empresa que administraría los principales activos comerciales de la organización podía otorgar a intereses externos una influencia indirecta sobre el futuro de los torneos.
La financiación prometida a las federaciones
Uno de los principales argumentos de la FIFA a favor de la iniciativa era que la llegada de capital privado permitiría aumentar significativamente los recursos destinados al desarrollo del futbol.
La propuesta contemplaba entregar a cada una de las 211 asociaciones miembro 20 millones de dólares mediante FIFA Forward durante el periodo comprendido entre 2027 y 2030.
Además, cada federación podría acceder voluntariamente a otros 20 millones de dólares mediante un programa extraordinario denominado FIFA Fast Forward, financiado con la inversión externa recibida por la nueva filial.
En conjunto, una asociación participante habría podido recibir hasta 40 millones de dólares.
La FIFA argumentaba que los recursos permitirían financiar instalaciones deportivas, competencias juveniles, programas de futbol femenino, capacitación, tecnología y proyectos de desarrollo en países con menores ingresos.
Los opositores cuestionaron que la promesa de más recursos económicos se presentara al mismo tiempo que las federaciones debían decidir si respaldaban la entrada de inversionistas privados.
La resistencia de las confederaciones
La propuesta encontró una fuerte oposición entre organizaciones regionales y asociaciones nacionales.
La UEFA, que agrupa a 55 federaciones europeas, manifestó uno de los rechazos más contundentes. La Confederación Asiática de Futbol y la Concacaf también expresaron su desacuerdo, lo que redujo considerablemente las posibilidades de que el proyecto consiguiera los votos necesarios para ser aprobado.
Para avanzar, la iniciativa necesitaba el respaldo de la mayoría de las 211 asociaciones miembro de la FIFA.
La oposición europea llegó a plantear la posibilidad de que sus federaciones dejaran de participar en competiciones organizadas por la FIFA mientras la propuesta permaneciera vigente y no existieran garantías sobre la propiedad y gobernanza de los torneos.
La FIFA respondió inicialmente que las publicaciones periodísticas contenían información incorrecta y habían interrumpido el proceso de consulta planeado.
También defendió el derecho de las 211 federaciones a estudiar y votar la propuesta sin que una sola confederación hablara en nombre de todas.
Infantino retiró el proyecto
El 31 de julio, Gianni Infantino anunció que FIFA Forward Enterprise no seguiría adelante.
El presidente explicó que, después de escuchar las diferentes posiciones, resultaba evidente que el proyecto había creado divisiones incompatibles con su objetivo inicial de unir y fortalecer al futbol internacional.
La retirada evitó que la iniciativa llegara a la votación prevista entre las asociaciones miembro.
Infantino señaló que buscaría reunir nuevamente a las confederaciones, federaciones y demás partes interesadas para analizar otras formas de aumentar la financiación destinada al desarrollo del futbol.
La reunión celebrada en Rabat tuvo como objetivo contener las consecuencias internas de la controversia, restaurar la relación entre los principales dirigentes y revisar los mecanismos utilizados para elaborar decisiones estratégicas.
La dirección respalda a Infantino
Durante el encuentro, el secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, y los integrantes de la Junta Directiva presentes expresaron su respaldo a Gianni Infantino.
El presidente, por su parte, manifestó su apoyo al secretario general y a la administración del organismo.
La carta distribuida entre las asociaciones subrayó que Infantino es el dirigente elegido por las 211 federaciones miembro y destacó el trabajo realizado por la administración durante la organización del Mundial de 2026.
El respaldo público buscó proyectar unidad después de varios días de versiones sobre desacuerdos entre la presidencia, la Secretaría General y otros integrantes de la organización.
Aun así, la propia FIFA reconoció que la comunicación y las interacciones entre sus áreas de dirección deben mejorar para recuperar la confianza de las asociaciones nacionales.
FIFA advierte que defenderá su reputación
Después de retirar el proyecto y ofrecer disculpas, la FIFA adoptó un tono más firme frente a las críticas.
El organismo afirmó que no tolerará ataques contra su integridad, su modelo de gobernanza o sus procedimientos y que adoptará las medidas que considere necesarias para proteger su nombre y reputación.
La declaración no identificó personas, medios, federaciones o confederaciones concretas como responsables de esos supuestos ataques. Tampoco detalló qué clase de medidas legales o disciplinarias podría implementar.
Esta advertencia introduce una tensión en la respuesta institucional: la FIFA reconoce que administró incorrectamente el proceso, pero al mismo tiempo sostiene que parte de las críticas afectó injustamente su imagen.
La diferencia entre cuestionamientos legítimos y ataques contra la reputación del organismo será relevante, especialmente por tratarse de una entidad que administra competiciones de alcance mundial y distribuye miles de millones de dólares entre sus integrantes.
El debate sobre el control comercial del Mundial
La retirada de FIFA Forward Enterprise no termina la discusión sobre el financiamiento y la explotación comercial de las competencias internacionales.
La FIFA busca incrementar los recursos que distribuye entre las asociaciones nacionales, particularmente en países donde los ingresos por patrocinios, televisión y venta de entradas son limitados.
Los defensores de atraer capital privado consideran que una filial especializada podría administrar con mayor eficiencia los derechos comerciales, crear nuevas fuentes de ingresos y financiar proyectos de infraestructura y formación.
Sus críticos advierten que los inversionistas privados esperan obtener rendimientos económicos y que esa presión podría modificar horarios, sedes, formatos, precios, derechos audiovisuales y decisiones relacionadas con el calendario deportivo.
El principal problema del proyecto no fue únicamente financiero. También puso en discusión quién debe controlar los recursos generados por el Mundial, qué información deben recibir las federaciones antes de una votación y qué límites debe tener la participación privada en las competencias administradas por una organización sin fines de lucro.
Aunque FIFA Forward Enterprise fue retirada, la institución confirmó que continuará analizando nuevas alternativas para ampliar el programa FIFA Forward y respaldar a sus 211 asociaciones miembro.
Cualquier nueva propuesta deberá superar el problema que provocó el fracaso de FFE: convencer a las federaciones de que obtener más recursos no implicará perder control sobre las competencias más valiosas del futbol mundial.




