El rápido crecimiento de las megaconstelaciones de satélites está provocando una acumulación alarmante de hollín en la atmósfera superior, un contaminante que tendría un impacto climático hasta 500 veces más intenso que el generado en la superficie terrestre, según un estudio publicado en la revista Earth’s Future.
La investigación, liderada por científicos del University College de Londres, analizó los efectos ambientales de los lanzamientos espaciales masivos, así como de la reentrada de satélites y restos de cohetes que vuelven a caer sobre la Tierra.
De acuerdo con el informe, las megaconstelaciones representan actualmente cerca del 42 por ciento del impacto climático total de la industria espacial, una cifra que continúa creciendo desde el inicio del despliegue masivo de satélites en 2019.
Los expertos explican que el carbono negro liberado durante los lanzamientos permanece durante años en las capas altas de la atmósfera, a diferencia del hollín emitido por automóviles o fábricas, que suele ser eliminado por la lluvia en cuestión de días o semanas.
El estudio advierte que esta contaminación reduce la cantidad de luz solar que llega a la superficie terrestre y podría alterar el equilibrio climático global. Incluso, los investigadores comparan el efecto con algunos proyectos de geoingeniería diseñados para enfriar artificialmente el planeta mediante partículas suspendidas en la atmósfera.
Sin embargo, aclaran que cualquier posible efecto de enfriamiento sería mínimo frente al avance del calentamiento global.
“La oportunidad de actuar todavía existe antes de que el problema sea irreversible”, señaló la investigadora Eloise Marais, una de las autoras del estudio.
SpaceX y su sistema Starlink aparecen como uno de los principales impulsores de este fenómeno. Actualmente, la compañía mantiene cerca de 12 mil satélites en órbita y continúa ampliando su red global de internet satelital.
El aumento de esta actividad espacial también ha disparado el número de lanzamientos de cohetes, que pasó de 114 misiones en 2020 a 329 en 2025, impulsados principalmente por los Falcon 9, cuyos motores utilizan combustible derivado del queroseno, altamente generador de hollín.
Además del carbono negro, los científicos alertaron sobre otras sustancias liberadas durante los lanzamientos, como compuestos de cloro capaces de afectar la capa de ozono.




