Muere Melchor Peredo, figura clave del muralismo mexicano, a los 99 años

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Fotografía de archivo del 14 de abril de 2019 que muestra al artista mexicano Melchor Peredo García mostrando uno de sus murales en Veracruz (México). EFE/Miguel Victoria

El muralismo mexicano pierde uno de sus últimos grandes pilares. Melchor Peredo García falleció la madrugada de este miércoles a los 99 años en Xalapa, Veracruz, dejando tras de sí una obra que dialoga con la historia, la identidad y la conciencia social de México.

La noticia fue confirmada por su pareja, Lourdes Hernández Quiñones, quien lo despidió con un mensaje cargado de afecto: “Muralista, antes que pintor, artista de mirada creativa. Hoy vuela alto, ya en un cielo infinito de luz y color”.

Discípulo de los gigantes José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, Peredo no solo heredó la tradición muralista, la mantuvo respirando cuando muchos la daban por concluida. Su obra, extendida en México, Estados Unidos, Canadá y Francia, fue un puente entre el impulso revolucionario del siglo XX y las inquietudes contemporáneas.

Defensor de una pintura con sentido social, Peredo definía su trabajo como una continuidad del muralismo con raíces nacionalistas, pero también profundamente humanista. Su estilo no solo narraba, cuestionaba. No solo retrataba figuras históricas, las reinterpretaba. En 2018, por ejemplo, presentó murales donde replanteó personajes como Hernán Cortés, Moctezuma y La Malinche, alejándose de visiones simplistas para mostrar su dimensión humana.

Su dominio del fresco era casi coreográfico: largas cañas de bambú, andamios elevados y una relación física con el muro que convertía cada obra en una hazaña técnica y artística. En total, dejó al menos 25 murales, varios de ellos en instituciones internacionales, lo que consolidó su legado más allá de las fronteras mexicanas.

Incluso en sus últimos años, Peredo seguía activo y combativo. A los 99, aún defendía su obra, su visión y su lugar en la historia. Cuando en 2018 se le preguntó si el muralismo estaba muerto, respondió con una frase que hoy resuena como despedida y manifiesto:
“Mientras no esté muerto yo, no está muerto el muralismo”.

Hoy, con su partida, no se apaga el muralismo… pero sí pierde una de sus voces más firmes, de esas que pintaban no solo muros, sino memoria.

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