Teherán. Irán volvió a bloquear el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, en medio de una nueva escalada de tensiones en Medio Oriente tras recientes ataques y amenazas de represalias.
La medida se produce luego de ofensivas relacionadas con el conflicto con Israel, incluyendo ataques en Líbano y presuntos golpes contra objetivos iraníes, lo que ha intensificado el enfrentamiento indirecto con Estados Unidos. En este contexto, autoridades iraníes advirtieron que podrían responder con acciones “destructivas” si continúan las agresiones.
El Estrecho de Ormuz es clave para el comercio energético global, ya que por esta vía transita entre el 20% y 25% del petróleo mundial, así como una parte importante del gas natural licuado. Su cierre representa un riesgo inmediato para el suministro energético internacional.
Tras el bloqueo, el tráfico marítimo se redujo drásticamente, con buques detenidos, desvíos de rutas y operaciones bajo extrema cautela. Varias navieras han optado por suspender temporalmente sus trayectos en la zona debido al alto riesgo de ataques.
En los mercados internacionales, el impacto ha sido inmediato, con alta volatilidad en los precios del petróleo ante el temor de interrupciones prolongadas. Analistas advierten que un cierre sostenido podría generar presiones inflacionarias y afectar economías dependientes de la importación de energía.
El bloqueo también es interpretado como una estrategia de presión geopolítica por parte de Irán, que busca influir en negociaciones internacionales y responder a las acciones de sus adversarios en la región.
Mientras tanto, potencias occidentales y organismos internacionales han urgido a la reapertura del estrecho y a evitar una escalada mayor que podría derivar en un conflicto regional de mayor alcance.
La situación continúa evolucionando, con advertencias de posibles nuevas acciones militares que mantienen en alerta a la comunidad internacional.




