El precio del petróleo intermedio de Texas (WTI) sufrió una fuerte caída del 9.27 %, cerrando en 102.48 dólares por barril, tras un inesperado cambio de rumbo en la postura de Estados Unidos hacia Irán que enfrió de golpe la tensión geopolítica en el Golfo Pérsico.
El descenso, equivalente a 10.47 dólares respecto al cierre previo de 112.95 dólares, se produjo luego de que el presidente Donald Trump aceptara aplazar por dos semanas el ultimátum impuesto a Irán. La decisión está condicionada a que Teherán permita la reapertura “total, inmediata y segura” del estratégico estrecho de Ormuz, una arteria clave para el suministro global de crudo.
El mercado reaccionó como si alguien hubiera soltado presión de una válvula al rojo vivo. Durante días, los precios se habían mantenido por encima de los 110 dólares debido al temor de un conflicto militar inminente que pudiera interrumpir el tránsito petrolero en la región.
El detonante del giro fue la propuesta de Pakistán para frenar una escalada militar inmediata. Trump confirmó en su red Truth Social que aceptaría suspender ataques contra Irán durante un periodo de dos semanas si se garantiza la reapertura del estrecho, planteando un posible “alto el fuego recíproco”.
El mandatario justificó la medida señalando que Estados Unidos ya ha “cumplido y superado” sus objetivos militares, y que las negociaciones para un acuerdo de paz duradero en Oriente Medio se encuentran en una fase avanzada. Según sus declaraciones, la mayoría de los puntos de conflicto con Irán ya han sido abordados, y este periodo adicional permitiría cerrar un acuerdo definitivo.
Las primeras señales de caída en los precios surgieron horas antes del anuncio oficial, cuando Trump adelantó en entrevista con Fox News que existían “negociaciones intensas”. Posteriormente, la Casa Blanca confirmó que el aplazamiento estaba siendo considerado.
El brusco retroceso del WTI refleja la sensibilidad del mercado energético a cualquier indicio de distensión en una región que concentra una parte crucial del suministro mundial. En cuestión de horas, el miedo a una interrupción catastrófica del flujo de petróleo se transformó en una expectativa de estabilidad, empujando los precios a la baja.
Con el reloj diplomático corriendo, los próximos días serán decisivos: el mercado ya no está mirando solo barriles, sino también gestos políticos.




