En una jornada que ya se inscribe en la bitácora de los grandes hitos espaciales, la misión Artemis II de la NASA vive este lunes una secuencia de momentos clave durante su sobrevuelo lunar. Sin intención de alunizar en esta misión, la tripulación marcará nuevos récords, explorará la cara oculta del satélite y protagonizará fenómenos únicos, como un eclipse solar visto desde el espacio profundo.
A bordo de la nave Orión viajan Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes partieron el pasado miércoles desde Florida con el objetivo de allanar el camino para futuras misiones tripuladas a la superficie lunar.
La entrada al dominio lunar
El primer gran hito del día ocurre cuando la nave cruza la llamada “esfera de influencia lunar”, a unos 66,098 kilómetros de la Luna. Este punto marca el instante en que la gravedad lunar supera a la terrestre en el control de la nave. Es, en términos prácticos, cuando la Luna “toma el timón” del viaje.
Un nuevo récord para la humanidad
Horas después, la misión rompe una barrera simbólica: supera la distancia máxima alcanzada por humanos desde la Tierra, establecida por el Apolo 13 en 1970. Orión se aleja más de 400 mil kilómetros, llevando a su tripulación más lejos que cualquier otra en la historia.
Este récord no es solo una cifra; es un ensayo general para misiones más ambiciosas, incluyendo futuras expediciones a Marte.
Cara oculta: el territorio invisible
Alrededor de las 14:45 h (hora de la costa este de EE. UU.), los astronautas comienzan sus observaciones del lado lejano de la Luna, una región que nunca es visible desde la Tierra. Este paisaje, silencioso y lleno de cráteres, representa uno de los escenarios más enigmáticos del sistema solar cercano.
El silencio detrás de la Luna
Uno de los momentos más tensos —aunque esperado— llega cuando la nave pasa detrás de la Luna, provocando una pérdida total de comunicación durante unos 40 minutos. Este “apagón” ocurre porque el satélite bloquea las señales de radio.
Desde la NASA, sin embargo, restan dramatismo al evento. Es un procedimiento conocido y entrenado. La comunicación se restablece poco después, devolviendo la voz a la tripulación en medio del vacío.
El punto más cercano… y el más lejano
La danza orbital continúa con dos extremos casi simultáneos: Orión alcanza su punto más cercano a la Luna, a apenas 6,550 kilómetros, y minutos después su mayor distancia respecto a la Tierra, superando los 406 mil kilómetros.
Es una coreografía precisa entre dos gigantes gravitacionales.
Un eclipse fuera del mundo
La jornada culmina con un espectáculo reservado solo para quienes están ahí arriba: un eclipse solar total, en el que la Luna bloquea al Sol desde la perspectiva de la nave. Este fenómeno no es visible desde la Tierra, lo que lo convierte en una experiencia exclusiva para la tripulación.
El regreso
Tras completar esta travesía, los astronautas tienen previsto regresar a la Tierra el próximo viernes, con un amerizaje frente a la costa de San Diego.




