Estados Unidos estrena nuevo jefe en uno de sus frentes más sensibles. Markwayne Mullin asumió como secretario de Seguridad Nacional, en sustitución de Kristi Noem, en un momento marcado por tensiones políticas y operativas dentro del país.
El exsenador republicano de Oklahoma rindió protesta en la Casa Blanca, en una ceremonia encabezada por el presidente Donald Trump y con la fiscal general Pam Bondi como encargada de tomarle juramento. Su llegada al cargo ocurre apenas un día después de ser ratificado por el Senado con 54 votos a favor y 45 en contra.
Mullin aterriza en el Departamento de Seguridad Nacional en un contexto complicado: la dependencia enfrenta afectaciones tras un cierre parcial derivado de la falta de acuerdos presupuestales en el Congreso. Esta situación ha provocado escasez de personal y disrupciones en aeropuertos, además de que miles de empleados llevan más de un mes trabajando sin recibir salario.
Ante este escenario, el nuevo secretario lanzó un mensaje de compromiso total. “Mi responsabilidad es proteger a todos los estadounidenses, sin importar su afiliación política”, afirmó, subrayando su intención de mantener una gestión incluyente.
También reconoció el esfuerzo del personal del DHS, destacando su dedicación pese a las dificultades financieras. “Nadie va a trabajar más que yo”, aseguró, prometiendo resultados y lealtad al presidente.
Con 13 años de trayectoria en el Congreso, Mullin deja atrás su etapa legislativa, donde se consolidó como un operador político clave, especialmente en acuerdos fiscales recientes.
Su nombramiento marca el inicio de una nueva etapa en la política de seguridad nacional, tras la salida de Kristi Noem, cuya gestión estuvo rodeada de controversias por su enfoque migratorio y operativos que generaron fuertes críticas.
Ahora, Mullin enfrenta una especie de tablero en llamas 🔥: resolver una crisis interna inmediata mientras redefine el rumbo de la seguridad en uno de los países más vigilados del mundo.
