Un ataque coordinado entre Israel y Estados Unidos contra el yacimiento de gas South Pars, el más grande del planeta, ha marcado un nuevo punto de tensión en Medio Oriente y ha encendido las alarmas a nivel global.
El bombardeo, ocurrido el 18 de marzo de 2026, impactó instalaciones clave de producción, refinerías y complejos petroquímicos en Irán, provocando incendios y obligando a detener parcialmente las operaciones en la zona. South Pars es fundamental para el país, ya que abastece gran parte de su consumo interno de gas.
Las consecuencias no tardaron en sentirse en los mercados internacionales. El precio del petróleo superó los 100 dólares por barril, mientras que el gas natural registró incrementos importantes, especialmente en Europa. Las bolsas también reaccionaron con volatilidad ante el temor de una escalada mayor.
Más allá del impacto inmediato, el ataque abre un escenario de alto riesgo. Irán calificó la acción como un acto que podría desencadenar una “guerra económica total” y advirtió posibles represalias contra infraestructura energética en la región del Golfo Pérsico.
Este movimiento representa un cambio estratégico, ya que se trata de un ataque directo a la infraestructura energética, algo que hasta ahora se había evitado. Analistas consideran que esto podría ampliar el conflicto, involucrar a más actores y afectar el suministro global de energía.
El golpe a South Pars no solo impacta a Irán, sino que tiene repercusiones globales: encarece combustibles, presiona la inflación en distintos países y aumenta la incertidumbre económica en un momento ya complejo para los mercados internacionales.
Con este ataque, el conflicto deja de ser únicamente militar para convertirse también en una disputa económica de alcance mundial.




