
El presidente de Estados Unidos generó inquietud regional al sugerir una posible “toma de control amistosa” de la isla, en un contexto de fuerte presión económica y negociaciones con La Habana.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que su país podría considerar una “toma de control amistosa de Cuba” en un momento de crecientes tensiones diplomáticas y presión económica sobre la isla caribeña, marcando un nuevo capítulo en las relaciones entre Washington y La Habana.
Trump hizo la declaración ante la prensa en la Casa Blanca antes de viajar a Texas para un mitin, asegurando que Cuba se encuentra en “serios problemas” y que Estados Unidos podría hacer algo “muy positivo” tanto para los ciudadanos cubanos en la isla como para los exiliados en Estados Unidos.
¿Qué dijo Trump sobre Cuba?
El mandatario se refirió al debilitado estado económico del país caribeño y dijo que funcionarios cubanos “están hablando con nosotros”, sugiriendo que una negociación en desarrollo podría facilitar ese hipotético “control amistoso”. Aunque no dio detalles concretos sobre cómo se implementaría tal estrategia ni si implicaría acción militar o política directa, su comentario representa un giro notable en la retórica oficial estadounidense.
Trump también remarcó la crisis económica que enfrenta la isla en medio de la falta de ingresos, escasez de petróleo y de alimentos, y afirmó que Washington podría aprovechar la situación para promover un cambio que beneficiara tanto a los cubanos en el exilio como a los que viven bajo el gobierno actual.
Contexto de tensión y presión económica
Las declaraciones ocurren en un marco de fuertes tensiones entre EE.UU. y Cuba, impulsadas por un bloqueo energético estadounidense y sanciones que han profundizado la crisis económica de La Habana, tras la pérdida de su principal soporte petrolero —Venezuela— a comienzos de 2026.
El gobierno de Trump también ha implementado medidas arancelarias y sanciones dirigidas a presionar aún más la economía cubana, como parte de una estrategia más amplia de presión regional, que incluye acciones recientes en Venezuela y otros países aliados.
Reacciones y consecuencias
La sugerencia de una “toma de control amistosa” ha generado preocupación entre analistas y líderes regionales, al evocar viejas tensiones de la Guerra Fría y plantear dudas sobre la soberanía y el futuro político de Cuba. Funcionarios cubanos han mantenido una postura firme de que cualquier diálogo debe respetar su independencia y no puede implicar injerencia en los asuntos internos de la isla.
El concepto de una intervención “amistosa” no ha sido detallado por la Casa Blanca, y hasta ahora no hay confirmación de planes concretos que vayan más allá de la retórica diplomática. Sin embargo, la declaración ha intensificado el debate sobre la política estadounidense hacia Cuba y el posible impacto regional de una escalada de tensiones.



