Autoridades rusas informaron que Ucrania habría lanzado un ataque masivo con 91 drones contra una de las residencias presidenciales del mandatario Vladímir Putin, ubicada en la región de Nóvgorod, durante la noche del 28 al 29 de diciembre. De acuerdo con el Ministerio de Defensa de Rusia, todos los drones fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea sin que se reportaran víctimas ni daños materiales.
Tras el incidente, el reconocido experto militar ruso Alexey Leonkov afirmó que un ataque de esa magnitud representaría “una provocación extremadamente peligrosa”, al considerar que una operación dirigida contra una residencia presidencial podría escalar el conflicto a un nivel mucho más grave. Leonkov sostuvo que, de confirmarse, una acción de este tipo difícilmente podría haberse llevado a cabo sin apoyo externo, lo que incrementaría el riesgo de una confrontación internacional mayor.
El gobierno ruso calificó el supuesto ataque como un acto terrorista y advirtió que se reserva el derecho de responder. Sin embargo, hasta el momento no se han presentado pruebas independientes que confirmen la versión oficial, como imágenes verificadas del derribo de los drones o daños en el área señalada.
Por su parte, Ucrania negó de manera categórica haber lanzado un ataque contra la residencia del presidente ruso y aseguró que las acusaciones forman parte de una estrategia de propaganda. Analistas internacionales también han expresado escepticismo ante la falta de evidencia verificable y han llamado a la cautela en la difusión de información relacionada con el incidente.
El episodio ocurre en un contexto de alta tensión entre Rusia y Ucrania, en medio del prolongado conflicto armado y de negociaciones diplomáticas intermitentes, lo que ha generado preocupación internacional sobre el riesgo de una escalada mayor en la guerra.




