En medio de una escalada de violencia que azota a Michoacán, el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, se ha convertido en una de las voces más polémicas y desafiantes frente al crimen organizado. Su postura frontal contra los cárteles que operan en la región lo ha puesto en la mira… y bajo amenaza constante.
Carlos Manzo llegó a la presidencia municipal de Uruapan en septiembre de 2024, tras postularse como candidato independiente. Antes, había sido diputado federal por Morena, donde ya destacaba por sus declaraciones directas y su discurso en favor de la seguridad y la autonomía municipal.
Desde el inicio de su mandato, Manzo ha denunciado que Uruapan está bajo asedio por parte de grupos del crimen organizado, incluyendo células del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y otras organizaciones locales.
“No podemos seguir viviendo con miedo. Si las autoridades estatales y federales no actúan, el pueblo se levantará en armas”, declaró el edil en una conferencia realizada tras el asesinato de un policía municipal.
El alcalde ha sido criticado y aplaudido por igual por su política de “tolerancia cero” hacia los grupos criminales. En mayo pasado, tras el homicidio de una empleada del ayuntamiento, Manzo ordenó a la policía municipal “abatir a delincuentes armados que se resistan a la detención”, una frase que generó controversia pero también respaldo de sectores ciudadanos cansados de la impunidad.
“Ya no vamos a enterrar más policías ni más trabajadores”, dijo entonces, reafirmando su decisión de enfrentar al crimen sin titubeos.
Las declaraciones de Manzo le han valido amenazas directas contra él y su familia. De acuerdo con reportes de Telemundo Noticias, el edil reconoció que ha sido objeto de intimidaciones por parte de grupos armados, pero aseguró que “no se doblará” ante el miedo.
Uruapan, considerado uno de los municipios más violentos de Michoacán, ha sido escenario de constantes enfrentamientos y ataques a fuerzas de seguridad. En ese contexto, el alcalde enfrenta acusaciones políticas de oposición que lo responsabilizan por la vulnerabilidad en que operan los cuerpos policiales, mientras él insiste en que la verdadera causa es la falta de apoyo del Estado y la Federación.
Para algunos, Carlos Manzo encarna la frustración de una población que ha perdido la fe en las instituciones; para otros, sus declaraciones bordean la incitación a la violencia civil. Lo cierto es que su administración se ha convertido en un símbolo de resistencia local frente al crimen organizado, aunque con un costo alto en términos de seguridad y estabilidad política.
Mientras continúa gobernando bajo presión, Manzo asegura que no retrocederá en su lucha:
“Michoacán necesita autoridades valientes, no cómplices del miedo.”




