El director mexicano Guillermo del Toro vivió un momento consagratorio en el 82 Festival Internacional de Cine de Venecia al presentar su esperada adaptación de Frankenstein, que recibió una ovación de pie de 13 minutos, una de las más largas en la historia reciente del certamen.
Acompañado por los protagonistas Oscar Isaac (Victor Frankenstein) y Jacob Elordi (la criatura), Del Toro definió su película como una historia de amor y compasión, más cercana a la metáfora humana que al terror clásico.
“Solo los monstruos juegan a ser Dios. Ser sentimental en la actualidad es el nuevo punk”, afirmó.
El cineasta reconoció que la cinta es profundamente personal y transformadora:
“Si la hubiera hecho antes de los 40, la habría contado desde la mirada de un hijo. Hoy la hice como padre”, expresó. Además, sentenció: “No le tengo miedo a la inteligencia artificial, le tengo miedo a la estupidez natural, que es más abundante”.
Del Toro, ganador del Oscar por La forma del agua (2018) y celebrado por Pinocho (2023), vuelve a dar voz a los seres marginados y diferentes. Su Frankenstein se aleja del cliché del monstruo aterrador para mostrar a un ser condenado a la soledad y al rechazo, con un anhelo profundamente humano: amor y pertenencia.
Oscar Isaac reveló que Del Toro le prometió “un banquete” en su interpretación, mientras Elordi confesó que el monstruo fue un papel en el que volcó “todo su ser”, hasta sentirse más auténtico que en sí mismo.
Con su sello gótico y emotivo, el cineasta tapatío reinterpreta la novela de Mary Shelley (1818) desde una sensibilidad contemporánea, reafirmando su lugar como uno de los grandes narradores de la diferencia y la humanidad a través del cine.




