Argentina, México y África respaldan a Infantino tras una de sus semanas más críticas al frente de la FIFA

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Foto de archivo del presidente de la FIFA, Gianni Infantino EFE/ Isaac Esquivel/Archivo

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, logró cerrar una de las semanas más complicadas de su gestión con señales de respaldo provenientes de África, Argentina y México, después de enfrentar una fuerte ola de críticas por su fallido proyecto para privatizar parcialmente la Copa del Mundo.

La iniciativa provocó rechazo dentro de distintos sectores del futbol internacional, especialmente de la UEFA, y obligó al dirigente suizo a retirar la propuesta. Siete días después de abandonar el plan, Infantino comienza a recuperar margen político gracias al respaldo de la Confederación Africana de Futbol (CAF) y de federaciones con peso dentro de Conmebol y Concacaf.

Durante un comité de crisis celebrado en Marruecos, Infantino ofreció disculpas por los “errores cometidos”. Posteriormente, junto con el secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, envió una carta a las 211 asociaciones afiliadas en la que pidió comprensión y se comprometió a evitar que una situación similar vuelva a repetirse.

La crisis adquiere especial relevancia debido a que Infantino buscará la reelección como presidente de la FIFA durante el Congreso ordinario previsto para el 18 de marzo de 2027 en Rabat.

El Consejo de la FIFA, principal órgano de decisión de la organización, está compuesto por 37 integrantes: el presidente, ocho vicepresidentes y otros 28 miembros elegidos por las distintas confederaciones para periodos de cuatro años.

Este organismo también tiene facultades para convocar un Congreso extraordinario en caso de una crisis grave. La normativa establece que una quinta parte de las federaciones afiliadas puede solicitar formalmente una reunión extraordinaria, que deberá celebrarse en un plazo máximo de tres meses.

Aunque ese escenario llegó a contemplarse durante los momentos de mayor tensión, actualmente parece haber perdido fuerza.

La UEFA, sin embargo, mantiene una posición crítica frente a Infantino y ha reiterado que perdió la confianza en su liderazgo.

Las críticas también han llegado desde figuras relevantes del futbol europeo. El exjugador portugués Luis Figo, asesor del presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, pidió la salida del dirigente suizo, mientras que el presidente de LaLiga española, Javier Tebas, cuestionó tanto a Infantino como al presidente de la Asociación del Futbol Argentino (AFA), Claudio “Chiqui” Tapia.

Tebas señaló que existen similitudes entre las formas de ejercer el poder de Infantino y Tapia, y sostuvo que una disculpa pública no sustituye la obligación de rendir cuentas.

La Confederación Asiática de Futbol también había expresado su rechazo al proyecto con el que Infantino pretendía crear la denominada FIFA Forward Enterprise.

En contraste, la Conmebol, encabezada por Alejandro Domínguez, adoptó una postura más moderada y subrayó que no respaldará acciones que se aparten de los mecanismos institucionales establecidos por la FIFA.

La posición de la organización sudamericana puede interpretarse como una señal favorable para Infantino de cara a la próxima elección presidencial, al menos mientras no aparezca un candidato alternativo con suficiente respaldo.

En las elecciones de la FIFA, cada una de las 211 asociaciones miembro cuenta con un voto, independientemente del tamaño del país o de su importancia deportiva. El sufragio es secreto y, cuando el Congreso se celebra de manera presencial, no se permiten votos por representación ni por correspondencia.

La distribución de votos entre las confederaciones convierte a cada bloque regional en una pieza fundamental de cualquier elección.

La UEFA dispone de 55 votos, la Confederación Africana de Futbol cuenta con 54, Asia aporta 46, la Concacaf tiene 35, Oceanía suma 11 y Conmebol dispone de 10.

En este escenario, el respaldo de federaciones africanas y de países influyentes como Argentina y México ofrece a Infantino un respiro político tras una crisis que llegó a poner en duda la estabilidad de su liderazgo.

A menos de un año del Congreso de 2027, el dirigente suizo deberá reconstruir apoyos dentro de una FIFA dividida entre quienes exigen mayores controles sobre su gestión y quienes siguen apostando por su continuidad.

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