Tokio advierte con intervenir en divisas tras el desplome del yen a su peor nivel en año y medio

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El gobierno japonés elevó esta semana el tono de sus advertencias sobre el mercado cambiario después de que el yen tocara las 160 unidades por dólar, su nivel más bajo desde julio de 2024. El detonante inmediato es la guerra en Oriente Medio, que presiona al alza los precios del crudo y agudiza la depreciación de la moneda nipona.

«Estamos constatando que la especulación está aumentando en el mercado de divisas. Si esta situación persiste, pronto serán necesarias medidas decisivas.»

Atsushi Mimura, viceministro de Finanzas para Asuntos Internacionales de Japón

Las palabras del viceministro Atsushi Mimura, recogidas por el diario económico Nikkei, representan la advertencia más enérgica hasta la fecha sobre una posible intervención en los mercados. El término «decisivo» tiene un peso especial en el léxico de los operadores cambiarios: es la primera vez que Mimura lo emplea desde que asumió el cargo en julio de 2024, y su uso se interpreta en los mercados como una señal clara de que las autoridades están dispuestas a actuar.

La referencia a julio de 2024 no es casual: fue entonces cuando Japón intervino por última vez en el mercado de divisas, precisamente cuando el yen alcanzó niveles similares a los actuales. Que el tipo de cambio haya vuelto a ese umbral en poco más de un año y medio ha disparado las alarmas en Tokio.

Por su parte, el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, afirmó ante el comité de presupuesto de la Cámara Baja que el banco continuará vigilando de cerca las tendencias del mercado de divisas. Ueda destacó, no obstante, que las empresas están siendo más proactivas en el aumento de salarios respecto al año anterior, lo que podría amplificar el impacto de las fluctuaciones cambiarias en la evolución de los precios.

El nerviosismo se trasladó de inmediato a la renta variable: la Bolsa de Tokio abrió el lunes con una caída superior al 4,5%, arrastrada por la incertidumbre geopolítica. Los temores se concentran en una posible escalada del conflicto en Oriente Medio —con la incorporación de los rebeldes hutíes de Yemen y reportes sobre una incursión terrestre de Estados Unidos en Irán— y sus consecuencias directas sobre el suministro mundial de energía.