La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) abrió este domingo su cumbre más grande hasta la fecha con un despliegue diplomático sin precedentes. El presidente de China, Xi Jinping, recibió con alfombra roja al mandatario ruso Vladimir Putin y al primer ministro indio Narendra Modi, en un encuentro que busca proyectar a Pekín como alternativa sólida frente al liderazgo occidental en medio de las tensiones globales.
La cita en Tianjin reúne a jefes de Estado de Asia, Medio Oriente y países observadores de la OCS, entre ellos Irán, Pakistán y Belarús, además de delegaciones de Arabia Saudita, Turquía y Egipto. Para Xi, la reunión representa una vitrina estratégica: mostrar a China no solo como actor clave en Eurasia, sino como arquitecto de un orden multipolar.
Putin, recién salido de su cumbre con Donald Trump en Alaska y bajo presión internacional por su ofensiva en Ucrania, aprovechó el foro para destacar la alianza chino-rusa como una “fuerza estabilizadora para el mundo”. Modi, por su parte, acudió tras años de ausencias, en un momento en que las tensiones entre India y Washington crecen mientras Pekín y Nueva Delhi intentan suavizar sus diferencias fronterizas.
El encuentro ocurre a días del desfile militar en Beijing, donde se exhibirá el avance del poderío militar chino con invitados como Kim Jong Un y líderes cercanos a Moscú. El mensaje es claro: China quiere consolidarse como epicentro de alianzas no occidentales en un escenario marcado por la guerra comercial global impulsada por Trump y el distanciamiento de Estados Unidos con sus socios tradicionales.
Aunque las expectativas sobre acuerdos económicos concretos son limitadas, la cumbre simboliza el esfuerzo de China y Rusia por reforzar un bloque que aglutina a casi el 40% de la población mundial y vastas reservas energéticas.
