¿Envejecer sin contagiarse? La pandemia también dejó huella en nuestros cerebros, revela estudio

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Un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Nottingham plantea que los cerebros de las personas envejecieron más rápido durante la pandemia de COVID-19, incluso sin haber contraído el virus. Este hallazgo sugiere que el impacto psicológico y social del confinamiento y la incertidumbre global podría haber dejado una huella profunda en la salud cerebral de millones.

El trabajo, realizado con casi mil personas, revela que quienes vivieron el periodo pandémico presentaron, en promedio, 5.5 meses más de envejecimiento cerebral que aquellos que no atravesaron ese contexto, según los modelos de inteligencia artificial aplicados a resonancias magnéticas cerebrales.

¿Qué encontraron los investigadores?

Para estimar la “brecha de edad cerebral”, los científicos analizaron imágenes de cerebros sanos antes y después del inicio de la pandemia, contrastando con un grupo de control que fue evaluado únicamente antes de 2020. El estudio detectó una aceleración del envejecimiento cerebral, especialmente en hombres y personas de entornos socioeconómicos desfavorecidos.

El dato más alarmante: este deterioro fue visible incluso entre quienes no se contagiaron de SARS-CoV-2, lo que subraya el impacto del aislamiento social, el estrés y la alteración global como factores que pueden afectar la salud neurológica.

“Esto demuestra hasta qué punto la experiencia de la pandemia en sí puede haber afectado la salud del cerebro”, señaló Ali-Reza Mohammadi-Nejad, líder del estudio.

¿Qué implicaciones tiene?

Además del envejecimiento estructural del cerebro, los infectados por COVID-19 mostraron una reducción en su rendimiento cognitivo, especialmente en tareas de flexibilidad mental y velocidad de procesamiento. Sin embargo, los autores advierten que aún no se puede determinar si estos efectos son permanentes o reversibles.

Expertos como Masud Husain, de la Universidad de Oxford, llaman a la cautela: la diferencia encontrada equivale a cinco meses, y los efectos cognitivos solo fueron significativos en una de las pruebas aplicadas.

¿Qué sigue?

El estudio destaca la urgente necesidad de investigar más a fondo cómo eventos de gran escala, como pandemias, afectan el cerebro. También sugiere que la exposición al estrés prolongado y el aislamiento podrían ser tan dañinos como una enfermedad física.