El drama ya no necesita camerinos ni actores de carne y hueso. En su lugar, plátanos musculosos, fresas despechadas y manzanas vengativas ocupan el escenario digital en las llamadas frutinovelas, un formato impulsado por inteligencia artificial que está conquistando TikTok e Instagram a ritmo vertiginoso.
Estas microhistorias, de entre uno y tres minutos, recrean con precisión quirúrgica los ingredientes clásicos del melodrama: triángulos amorosos, traiciones y venganzas. El resultado es una mezcla entre telenovela tradicional y estética surrealista que ha logrado cifras millonarias de visualización, con algunos videos alcanzando hasta 300 millones de reproducciones.
Entre los personajes más recurrentes destaca Banana Negra, el galán infiel; ‘La manzana’, símbolo de la esposa tradicional; Durazgela, una joven ingenua; y Fresalina, la seductora que encarna el rol de “rompehogares”. Un elenco peculiar que, pese a su tono humorístico, reproduce patrones narrativos profundamente arraigados.
Especialistas advierten que ahí reside la verdadera controversia. La psicóloga Silvia Álava señala que este tipo de contenido funciona como un “enganche instantáneo” que requiere poco esfuerzo cognitivo y sirve como vía de escape emocional. Sin embargo, detrás de su apariencia ligera, las frutinovelas han sido criticadas por perpetuar estereotipos de género y dinámicas de relaciones desiguales.
En particular, los personajes femeninos suelen encasillarse en dos extremos: la figura sumisa y sacrificada o la villana hipersexualizada. En contraste, los roles masculinos tienden a romantizar conductas tóxicas como la infidelidad o el control de pareja, reforzando arquetipos que muchos sectores consideran superados.
El fenómeno también ha sido vinculado al concepto de brain rot o “cerebro frito”, utilizado para describir contenidos digitales de bajo valor cognitivo que saturan la atención. Según Álava, este tipo de estímulos “hackean la atención” y dificultan procesos mentales más complejos como la concentración o el pensamiento crítico.
Detrás del auge se encuentra William Andrés Rico, un estudiante colombiano que creó el formato original como parte de un ejercicio académico. Su cuenta FrutyStory acumula cerca de un millón de seguidores en TikTok en apenas cinco semanas, dando origen a una ola de imitadores que replican la fórmula.
A diferencia de las grandes producciones televisivas, las frutinovelas se gestan con herramientas accesibles: desde guiones generados por IA hasta software de animación que sincroniza labios digitales con voces artificiales. Un estudio de grabación que cabe, literalmente, en una laptop.
Entre risas, algoritmos y polémica, las frutinovelas revelan algo más profundo: la inteligencia artificial no solo está cambiando cómo se produce el contenido, sino también qué historias se cuentan… y cuáles viejos guiones se resisten a desaparecer.
