La Administración de Donald Trump ha dado un nuevo paso en su estrategia energética hacia Venezuela al suavizar las sanciones económicas, permitiendo que empresas estadounidenses puedan reanudar negocios con la petrolera estatal PDVSA.
El Departamento del Tesoro ha emitido licencias que autorizan a compañías energéticas a participar en operaciones relacionadas con el petróleo venezolano, una medida que abre la puerta a una mayor presencia de capital estadounidense en el sector.
La nueva autorización establece que solo podrán acogerse a este esquema las empresas constituidas antes de enero de 2025. Además, impone condiciones estrictas: los contratos deberán regirse bajo legislación estadounidense, cualquier disputa legal deberá resolverse en tribunales de Estados Unidos y los pagos deberán canalizarse a través de cuentas bajo supervisión del Gobierno norteamericano.
La licencia también mantiene limitaciones relevantes. Queda prohibido realizar transacciones con entidades sancionadas distintas de PDVSA, así como operar con países como Rusia, Irán, Corea del Norte o Cuba, en línea con la política exterior de Washington.
Este giro se produce en un contexto de reconfiguración política en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 y el establecimiento de un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, con el que Estados Unidos ha comenzado a restablecer relaciones diplomáticas y económicas.
La flexibilización de sanciones forma parte de una estrategia más amplia para reactivar la industria petrolera venezolana, que posee una de las mayores reservas del mundo, pero que enfrenta años de deterioro estructural. Washington busca atraer inversiones internacionales y garantizar seguridad jurídica para las empresas interesadas en operar en el país.
Al mismo tiempo, la medida responde a tensiones en el mercado energético global, marcadas por conflictos en regiones clave como Medio Oriente, lo que ha incrementado el interés por fuentes alternativas de crudo.
Con este movimiento, Estados Unidos no solo redefine su relación con Venezuela, sino que también reposiciona el tablero energético global, donde cada barril cuenta y cada alianza pesa.
