El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, confirmó que la administración Trump está dispuesta a imponer sanciones secundarias contra naciones que continúen comprando petróleo ruso, como parte de una estrategia más agresiva para presionar a Moscú y obligar al presidente Vladimir Putin a negociar el fin del conflicto en Ucrania.
En entrevista televisiva, Bessent afirmó que todas las opciones están sobre la mesa y que el objetivo es claro: “colapsar la economía rusa” mediante sanciones adicionales y aranceles dirigidos a los países que financien indirectamente a Moscú con la compra de crudo.
Según el secretario, esta “fase dos” de medidas económicas busca cerrar los resquicios que han permitido a Rusia sortear las sanciones actuales a través de rutas alternativas de comercio.
Bessent adelantó que en los próximos días se realizará una reunión conjunta entre funcionarios estadounidenses y europeos para definir un paquete de sanciones coordinadas contra el sector energético ruso.
El funcionario subrayó que la presión transatlántica debe ser “más dura y más efectiva”, tras reconocer que los esquemas actuales han alcanzado su límite de impacto y que Moscú ha logrado adaptarse en parte al bloqueo occidental.
- Países como India y China, grandes compradores de petróleo ruso, podrían enfrentar aranceles masivos o sanciones directas si ignoran la advertencia de Washington.
- La medida también busca enviar un mensaje a otros aliados comerciales de Rusia: no habrá espacio para la neutralidad si su comercio sostiene la maquinaria de guerra en Ucrania.
- Analistas advierten que estas sanciones podrían alterar los mercados globales de energía, elevando los precios del petróleo y generando tensiones diplomáticas con potencias emergentes.
La advertencia de Scott Bessent marca un endurecimiento en la política exterior estadounidense: ya no solo se sancionará a Rusia, sino también a quienes la respalden económicamente. Con esta nueva estrategia, la administración Trump apuesta por un frente económico global que, según sus palabras, podría ser el golpe decisivo para llevar a Moscú de regreso a la mesa de negociación.
