Román Carrasco Delgado, de 84 años, propietario de la vivienda en Humacao que inspiró el escenario de “La Casita” en los conciertos de Bad Bunny, presentó una demanda contra el artista y sus empresas por el uso de su propiedad sin un acuerdo justo y transparente.
La querella, radicada el 17 de septiembre en el Tribunal de Primera Instancia de San Juan, señala a Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny), así como a Rimas Entertainment, Move Concerts PR, Inc. y A1 Productions, LLC. El demandante asegura que su casa fue utilizada en el cortometraje “Debí Tirar Más Fotos” y luego replicada en escenarios de conciertos y mercancía, sin que él diera consentimiento válido para esos fines.
Carrasco alega que, debido a su edad y condición —no sabe leer ni escribir—, firmó un contrato en blanco en la pantalla de un teléfono sin conocer los términos, recibiendo apenas unos $5,200 dólares por el uso inicial. El cortometraje acumula más de 22 millones de vistas, y la réplica de la vivienda se convirtió en pieza central de la residencia “No Me Quiero Ir De Aquí”, lo que, según el propietario, le generó ganancias millonarias al cantante.
El octogenario reclama al menos un millón de dólares por daños emocionales y angustias mentales, así como cinco millones de dólares adicionales por enriquecimiento injusto, y pide que se declare la nulidad de los contratos firmados. Además, denuncia que su hogar ha sido expuesto públicamente y se ha convertido en un punto turístico no deseado, afectando su privacidad.
Por ahora, ni Bad Bunny ni sus representantes han ofrecido una postura oficial sobre la demanda. El caso abre un debate en torno al uso de propiedades privadas en la industria musical, los derechos de los propietarios y la ética en los contratos dentro del entretenimiento.
