Nuevos detalles han salido a la luz sobre Robin Westman, el joven de 23 años que perpetró el trágico tiroteo en la escuela católica Annunciation, en Minneapolis, el pasado lunes. El ataque dejó como saldo dos niños muertos, de 8 y 10 años, y al menos 17 personas heridas, entre ellos 14 menores.
De acuerdo con las autoridades, Westman era un exalumno de la institución y habría planificado el ataque durante semanas. En cuadernos, videos y documentos digitales encontrados tras el hecho, se constató que estaba “obsesionado con la idea de matar niños” y mostraba admiración por asesinos masivos y tiradores escolares.
Asimismo, se hallaron mensajes supremacistas, antisemitas y de odio religioso, lo que llevó al FBI a clasificar el hecho como un acto de terrorismo doméstico motivado por el odio.
El lunes, durante una misa escolar de inicio de clases, Westman abrió fuego utilizando un rifle, una escopeta y una pistola, disparando a través de las ventanas del recinto. Según los reportes policiales, también bloqueó varias puertas para impedir la salida de los asistentes. Tras el ataque, el joven se quitó la vida.
Los investigadores aseguran que Westman eligió el horario para atacar debido a que era menos probable que hubiera padres presentes en la ceremonia. Esto confirma que el ataque estaba dirigido principalmente contra los niños.
El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, condenó el ataque y reiteró la urgencia de prohibir armas de asalto y cargadores de alta capacidad. Desde la Casa Blanca, se lamentó profundamente la tragedia, aunque no se anunciaron nuevas medidas inmediatas en materia de seguridad escolar.
La comunidad local permanece en estado de shock, mientras las autoridades eclesiásticas y educativas han pedido reforzar la seguridad en escuelas y lugares de culto.
